Todo comienza como energía. Ya sea material o inmaterial, todo surge primero como energía antes de manifestarse en forma física, es decir, como una idea concreta, un objeto, una experiencia, etc.
Esto se respalda en la física cuántica, que es el estudio de lo que es subatómico, más pequeño que los átomos, los electrones, protones y neutrones, y las interacciones entre ellas. También está reflejado en la fórmula de Einstein: E=mc², que expresa cómo la energía (E) se relaciona con la masa (m) y la velocidad de la luz (c).
A diferencia de la física clásica, que se basa en leyes predecibles como la gravedad, la física cuántica describe el comportamiento de las partículas en términos de probabilidades. Antes de que la materia o el mundo que percibimos como real se forme, somos pura energía y posibilidades, o, en otras palabras, oportunidades. Una simple roca y un diamante comparten la misma base energética que las personas, las estrellas y los planetas.
Si pudiéramos observar una partícula subatómica, veríamos que tiene muy poca materia; según Joe Dispenza, solo un 0,0001%. El resto es energía, lo que significa que somos 99,9999% energía. Esto es fascinante, ¿no? Somos mucho más energía que materia.
En palabras simples: imagina una “dimensión” en que sólo existen estas partículas subatómicas, moviéndose como locas y esperando convertirse en “algo”. En esa dimensión esas partículas son sólo energía. Luego, se pueden convertir en un auto, una casa, una roca, una planta, un nuevo planeta o una persona.
Las leyes que rigen a estas partículas tan pequeñas nos muestran que se comportan de manera aleatoria e impredecible. Esto puede parecer complejo, pero al final de este texto, espero que el mensaje sea claro.
Como te decía, antes de que algo se vuelva «real» en el mundo que conocemos, estaba en la dimensión energética, que es el mundo de las posibilidades. En esa dimensión, todo tiene infinitas posibilidades de ser creado o manifestado en nuestra realidad. Por ejemplo, antes de que Henry Ford inventara el automóvil, esa posibilidad ya existía en el mundo energético. Ford tomó esa energía en forma de idea o pensamiento, la transformó en acción y la materializó en el primer automóvil.
Lo fascinante es que las partículas subatómicas se comportan de manera impredecible hasta que alguien las observa. Y aquí viene lo loco: en la física clásica, si lanzamos una pelota hacia arriba, sabemos que caerá y podemos calcular su trayectoria. En la física cuántica, una partícula pequeña es impredecible hasta que es observada, y su comportamiento depende de quién la observe. Esto se conoce como el “Efecto Observador”. Ahora, llevemos esto al mundo cotidiano y al mensaje que espero que te lleves hoy. Considera dos puntos complementarios:
Punto 1: Perspectiva. Todos podemos tener diferentes perspectivas sobre un mismo hecho o circunstancia. La frase “no hay situaciones dramáticas, hay personas dramáticas” refleja que las situaciones son neutras. Por ejemplo, una temperatura de 5°C puede ser percibida como “demasiado fría” por alguien o como “agradable” por otro. La forma en que interpretamos esa realidad influye en nuestra experiencia. Si ves una situación como un problema, lo analizarás y resolverás según tu perspectiva. Esto muestra el poder del “Observador.”
Punto 2: Manifestación. Henry Ford convirtió sus pensamientos en realidad con el automóvil. Entonces, debes tener muy presente, que, si los pensamientos pueden convertirse en cosas concretas, la claridad en tus pensamientos es crucial para manifestar tus deseos.
Considera que los pensamientos son energía y son el lenguaje del cerebro, mientras que las emociones, que también son energía, pero son el lenguaje del cuerpo. Cuando los pensamientos están alineados con los sentimientos es cuando creamos, queramos o no. Por lo tanto, hay que tener mucho cuidado con los pensamientos y las emociones que alineamos. Este punto es clave, así es que lo repetiré bastante de manera intencional en las próximas publicaciones, y, además, te ayudaré a comprenderlo mejor.
Veamos con un ejemplo: Si quisiera escribir un libro tengo que pensar – yo puedo hacerlo – y mis emociones tienen que ser acordes, es decir, sentir deseo o motivación, esperanza, valentía, etc. Así estaría alineada con “puedo/hago”.
Si mis pensamientos dicen – yo puedo – pero mis emociones son de miedo, no estoy alineada, por lo que, es muy probable que el libro no se escriba, o que se escriba con timidez y miedo, no obteniendo el resultado que espero.
Y si los pensamientos dicen – no puedo – y mis emociones son de miedo, están alineadas en “no puedo/no hago” y, por lo tanto, jamás se escribirá ese libro.
Como dice Deepak Chopra en su libro «El Cuerpo Cuántico», el campo cuántico es infinito y perfecto, lleno de todas las posibilidades de creación. El desafío es cómo, partiendo de esa perfección, hacemos realidad lo que deseamos
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Clave 1: Alinea tus pensamientos positivos con emociones positivas para realizar lo que deseas.
Clave 2: Realiza las acciones necesarias y alineadas con esos pensamientos y emociones.
En futuras publicaciones, profundizaré en estos temas, pero recuerda que es vital que tu mente y tu cuerpo estén convencidos de lo que puedes crear.
¡Te espero con entusiasmo! Un abrazo..